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Híkuri / Rolas jarochasSi les interesa adquirir este disco compacto comuniquense a la siguiente dirección: híkurison@hotmail.com A lo largo de la década de 1980, se manifestó en México un vivo interés por la música popular tradicional; en el estado de Veracruz se expresó en un movimiento que planteó refuncionalizar el son jarocho. Grupos serios, intérpretes virtuosos, campesinos y jaraneros con la historia a cuestas llevaron a un sitio de honor (el que le corresponde) tan bello género. En la ciudad de Xalapa también se abrieron opciones para el estudio y la ejecución del son. Por ejemplo, en el espacio universitario de la Unidad de Humanidades, ahí donde se albergan las facultades de Antropología, Sociología o idiomas, surgió un grupo de azarosa existencia: Híkuri. Respaldados en sus andanzas, las lecturas que conseguían y la memoria familiar, Híkuri creó un estilo callejero y ruidoso, en el que el copleó a grito destemplado y un intenso rasgueo, suplían la falta de instrumentos melódicos. Al dueto original de Daniel y Raúl se sumaron otros arrojados que no temían al público, y que mal o bien aprendían a cantar o tocar. En diferentes momentos participaron Salvador, con su quijada de caballo, Ariel y el macuspanense Zurita. Era jarana que estudiaba de día, parrandeaba en la tarde y trabajaba de noche, jarana presente en fiestas de rancho y huelgas, jarana peleonera que nunca eludió una confrontación con presuntuosos y soberbios. Esos tiempos románticos y desenfadados pasaron; lo que a cierta edad es una gracia, en otra es descaro. El grupo se deshizo pero creció en otros sentidos: Daniel López aprendió a construir jaranas y requintos (todas las usadas en esta grabación son obra suya), Salvador se dedicó en cuerpo y alma a las percusiones afromestizas, Raúl se perdió en los tortuosos caminos de la investigación. Tal vez por eso sorprende que cinco años después de separarse decidieran resucitar al venadito. Ahora participan también Silvia Santos, quien se formó en la línea del grupo, y para no oírnos tan desparramados, Enrique Barona, que entregó el firme sonido de su requinto. ¿A quien agradecemos? A Marina Alonso por la grabación, maga que transforma el ruido en música; a Don Antonio Vergara (†), A Xalapa, capital del grupo Híkuri; a los jaraneros bailadoras, pescadores, campesinos, artesanos y vaqueros de la tierra jarocha, únicos dueños del son. Raúl García Flores / Xalapa-Enríquez, Veracruz, 1994. Sones El Coco (2:45) Personal Silvia Santos: jarana primera y voz. Grabado en septiembre de 1994 en el DF, con
excepción de El Fandanguito grabado en "La Tasca" en Xalapa,
Veracruz en 1989 con Víctor Valdez en el arpa. © (P) 1994
Daniel López Romero. |
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| © 2005 Rafael Figueroa Hernández | |||