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México
Por: ©Rafael Figueroa Hernández
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La salsa se ha convertido, sin duda, en un elemento muy importante en la escena musical de la actualidad a nivel mundial. Se presenta en festivales, conciertos y bailes en todas partes del mundo, donde tiene un lugar que se ha ganado a pulso, gracias a una trayectoria que cuenta ya con muchos años.

Nacida en Nueva York, en la convulsionada década de los sesenta, la salsa representa, sin embargo, sólo la parte más visible de un mundo muy amplio de ritmos, géneros y estilos como el son, la rumba, el chachachá, el mambo, la plena, o el merengue, además de géneros más contemporáneos como el jazz y el rock latino.

El origen de todos ellos, se remonta al momento en que dos culturas musicales muy diferentes entre si, como son la española y la africana, se unieron, por azares del destino, en las Antillas, específicamente en Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana. Es ahí donde se lleva a cabo la mezcla entre el mundo sonoro del esclavo y el del amo, dando como resultado una música, que si bien nació en las Antillas, en la actualidad, después de cinco siglos, ha emigrado y tomado carta de naturalización en otras partes del mundo, como Nueva York, Venezuela, Colombia o México, para no mencionar la cantidad cada vez más grande de grupos salseros de buen nivel en países tan lejanos geográfica y culturalmente del Caribe como son Suecia o Japón.

Para México, la importancia de este conjunto de géneros no puede ser mayor. Por un lado, ya es innegable la presencia, desde los tiempos coloniales, de un importante número de esclavos negros, que dejaron una huella imborrable en la cultura mexicana. Esto formó un ambiente favorable a la recepción de la música que años más tarde llegaría del Caribe, y que se ha convertido en una corriente constante hacia nuestro país, que en diferentes grados la ha aceptado y la ha convertido en su propiedad.

La historia de la música antillana en México, comienza desde el siglo XVIII, en que se da el primer caso conocido de un género cubano que se populariza: El chuchumbé, el cual fue prohibido por la Inquisición debido a insultaba los castos ojos de la sociedad acomodada de la época, puesto "que se bailaba con ademanes, meneos y zarandeos, contrarios a toda honestidad" como nos lo cuenta una crónica de la época.

Posteriormente, ya en el siglo XIX llegó a México el danzón, que se convirtió al pasar de los años, en parte integral de nuestra cultura, ya que si bien su manifestación original fue en Cuba, es en México donde todavía se cultiva y se mantiene vivo, no como una pieza de museo sino como una manifestación activa de nuestra cultura popular.

Ya en pleno siglo XX, llega a Veracruz un grupo musical llamado Son Cuba de Marianao, que populariza el son, antecedente directo de la salsa y que en México tiene una larga tradición, llena de aciertos y posibilidades. Desde el Son Marabú que acompañaba a Toña la Negra en los años treinta y que posteriormente se transformó en el famosísimo Son Clave de Oro, hasta los grupos salseros actuales, hay una línea directa que pasa por el sabor muy veracruzano del Negro Peregrino, la guaracha de Moscovita y sus Guajiros, el mambo de Pérez Prado, los requiebros melódicos de Lobo y Melón y por muchos otros que han colaborado para que México y Veracruz tengan un lugar importante en el panorama actual de la música con salsa y sabor.

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